Apuntes para una historia de Valeria del Mar
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Si tiene documentos o fotos (sólo necesitamos copias digitales) datos o anécdotas de la historia de Valeria,
comuníquese con nosotros. Le daremos el debido
crédito como colaborador.
De marcada personalidad y uno de los primeros pobladores del balneario, Edgar Robinson había conocido la zona cuando niño, al acompañar a su padre, que trabajaba en el ferrocarril y que había diseñado el ramal que pasaba por Juancho y Madariaga.
Durante la Segunda Guerra Mundial fue a luchar por Inglaterra en la India, donde llegó a ser mayor del famoso regimiento colonial "Lanceros de Bengala".
Hasta allí viajó Cichí, luego su esposa, para casarse con él.
Al volver se radicaron en Valeria, donde se ocupaban de negocios inmobiliarios. Vivían acompañados de sus perros fox-terrier en una casa que hicieron en la calle Betbeder, con vista al mar, que se divisaba entre dos médanos.
Fundó y fue el presidente de la Unión Vecinal de Valeria del Mar, de corta vida.
Uno de los habitantes de Valeria del Mar que se hizo
luego famoso fue Carlos “el Indio” Solari, la voz de "Patricio Rey y los
Redonditos de Ricota". Hacia el fin los años 70 el Indio vivía de manera
nómada
entre La Plata y Valeria del Mar, donde en esa época vivían sus padres, en una casa
conocida como "La trinchera".
Hacía trabajos ocasionales: trabajó en la forestación y en la playa. También
administró un hotel pequeño, El Alex. Junto a Guillermo Beilinson, hermano
de Skay, de los Redonditos, fueron socios de un taller de estampado de
remeras y telas, llamado "El Mercurio". Juntos hacían películas caseras con una pequeña cámara en 8mm, y escribieron el guión para dos películas.
Durante este periodo, los fines de año el Indio se iba de Valeria para reunirse con
sus amigos para dar conciertos.
Gloria Guerrero inicia su libro “Indio Solari. El hombre ilustrado” con el Indio en Valeria del Mar, flanqueado por sus perros Saturno y Nambulú, saludando al escritor Leopoldo Marechal.
Luego dice:
"Había hecho su casita con caña, madera de por ahí, juncos, totora. Chiflaba fuerte y salía, a veces descalzo, a la playa semisalvaje; lo seguían Saturno y Nambulú, ladrando igual de fuerte. Después, todavía más tarde, mientras en el tocadiscos sonaba el wah-wah de Zappa, se tiraba en un colchoncito a leer libros de cómics, de ciencia ficción, de Keoruac, de Merton, de Dylan. Y escribía, cuando quería. Y pintaba...".
Respecto a Marechal, el Indio cuenta:
“Sí, a Leopoldo lo he cargado
bastante, incluso. Porque era habitué de Valeria del Mar, donde yo vivía. Yo
le gritaba "cuídese de mí Leopoldo, cuídese de mí". Estaba con Elbiamor, su
mujer, iban de visita a un drugstore. Valeria era un lugar muy loco, donde
iban desde Chunchuna Villafañe hasta Marechal.”